viernes, octubre 09, 2009

Quizás


Ella una joven prostituta de 22 años y alto costo en seducción, además de remuneración, muy bella y bastante peculiar con su sonrisa picarona y cuerpo extra singular. Ella estudiaba biología marina y un día tuvo que prostituirse para su carrera universitaria costear y por cosas del destino a Ella le gustó su nueva condición y tan sólo al arte amatorio se dedicó.
El, un sujeto de 47 años, ya algo canoso, bastante sobrio en su vestir y forma de actuar, de piel gris y una estatura gallarda y con un profundo mirar. El ya tenía su lastre existencial y lo único que quería, era, luego terminar el ajedrez vivencial y sólo vivir sus últimos instantes con la intensidad del ser.
Ambos se encontraron juntos en el "Morrisón Bar", un bar bohemio de la península del Cro-Magnón, bebían de sus copas con lentitud, cada uno en ambos extremos del mítico bar, como si se tratase de un cuadrílatero pugilístico en que en el momento justo ambos se enfrentarían para saber algo más. Pero cada uno guardaba el espacio y conservaban el limite para no caer en la estupidez, mas Ella saboreaba su trago, quieta como toda una felina esperando para atacar y él también tranquilo se dejaba observar, inquietando a la belleza de Mujer con sus movimientos y su sutil gesticular de hombros, cabeza y cintura, como inquieto, queriendo algo provocar.
No pasaron más de 23 minutos y Ella se propone actuar, se levanta del sillín del bar con movimientos lentos y con sus manos, dedos se acomoda el cabello trigueño y su falda, se dirige hacia él y le consulta: ¿Te he visto alguna otra vez...?., El mira hacia el espejo que estaba de fondo en el bien organizado Bar y al dar vuelta su cabeza hacia Ella, contesta: No lo sé.
En ese momento la hermosa joven siente en su ser un escalofrío que recorre su esbelto cuerpo humedeciéndose intimamente con la imagen de que se trataba de esos hombres que bien a Ellas les saben tratar, tratar con suavidad y que cuando están en la infiltración entre sábanas poseyéndolas en cuatro, les agarran de sus cabellos para jalárselos con seducción y algo de brutalidad, para que todo se realice como a Ellas les gusta y de vez en cuando les dan de nalgadas, haciéndolas temblar y así sus pliegues vaginales aprieten mucho más. Ella eso sintió y fue un espasmo de segundos y ya después se restableció y pudo continuar diciéndole: ¿Me invitas una copa?. Y él contesta: porque no, bebamos y charlemos un rato, me pareces muy singular.
Entre copas y copas y más copas, ambos terminaron en la habitación de un motel, el motel se llamaba "La Caverna de mi Soledad". Tan borrachos llegaron y resueltos a reírse ante la vida, que se sintieron juntos en mutua compañía y no había cabida para preguntas, sólo se dejaban accionar por su instinto y dentro de toda estupidez que podían cometer. Se besaban, se tocaban riéndose en mutua comprensión, no desperdiciando momentos de su insólita reunión. Ya estirados a lo largo de la cama, él le abrazó, pasando su brazo por debajo de la nuca de Ella y le dio un beso en la frente diciéndole: Me haces mucho, mucho bien, gracias por estar conmigo. Ella le miró inquietante a los ojos ofertándole para que la poseyera, pues Ella quería sentirlo dentro de su exquisita y delirante estrechez, que la verdad no tenía mucha experiencia, pero necesitaba tener más que experimentar. Ella jadeante se lanza con sus labios y con suaves mordiscos rodea el cuello , las mandíbulas, los lóbulos de las orejas varoniles, queriendo incitarlo más aún, pues Ella sentía que había ganado un premio como toda felina que Ella era. Pero él con suaves caricias la alejaba diciéndole: Hoy descansemos, durmamos juntos y mañana conversamos cuando estemos mejor. Durmieron juntos y desnudos en la habitación de aquel oportunista motel, él le abrazó y logró que Ella cayera en sus brazos con sutiles caricias y besos, hasta que dormida Ella se quedó, como una nereida aferrada a los roqueríos del mar, sosteniéndose del cuerpo de él y él empezó a recordar sus experiencias pasadas y no quiso de Ella experimentar, pues Ella era más joven y con poca experiencia frente a la vida, pero queriendo sentir aún más, eso era lo que Ella quería sentir. Así fue como también él se quedó dormido, cuidando a la tan bella Mujer que entre su decadente extinción a Ella no quería contaminar.
Y al amanecer cuando despertaron . . .

3 comentarios:

Adrianina dijo...

Que historia, de encuentros y desencuentros, sutil y encantador-
Me hizo recordar la canción de Serrat: Porque la quería...

Besos, hermoso relato, me gustó como destacaste el Ella.

Arantza G. dijo...

Bueno, dios los cría y ellos se juntan...
Espero la segunda parte...
Besos grandotes

Anónimo dijo...

pucha ooh...
genial tú relato,igual quede con gusto a poco...
nancy.