domingo, octubre 11, 2009

Precipicio del Existir


A Ella le conocí en un atardecer de invierno mientras yo paseaba a orillas del mar, yo iba tranquilo caminando, algo ebrio, pero con lucidez. Habían rocas y un fuerte oleaje que al reventar en las rocas de mi existir, balbuceaban: "Tu tiempo ya pronto llegará". Seguí caminando entre mi mirar al cielo gris con nubes plomisas en su tonalidad, las gaviotas hacían de las suyas con su singular graznar. Yo caminaba descalzo en mis pies y mi cabello rebelde mojado por la brisa marina la cual sólo me quería tragar, descansé en unas rocas y volví a beber del trago amargo que fermenta mi soledad. Fue un momento circunstancial en que me provocó una sensación en la cual por primera vez a Ella le pude sentir y fue tan arrebatante que me tomó por el cuello y en el aire me levantó, mis quijadas hacia lo grísaceo del infinito me hizo observar, después a mi oído susurró cuan ventisca ligera era: "Mío, mío serás . . . , serás mío y de nadie más . . .". Ya después me liberó dejándome caer borracho entre la arena con tan exquisita sensación que aún llevo en mi ser. Al rato logré levantarme y entre la ventisca me hallé mojado y ahí recién vine a entender la majestuosidad de su delirante poder y cuan misero yo soy. Mojado, empapado tuve que lograr coordinar mis pasos y luego seguí con toda resolución hacia las olas que me llamaban, y entre olas, olas y más olas me interné en la profundidad queriendo enfrentarme ante Ella, Ella que me busca en las sombras y las penumbras de mi gallardía de caminar solitario ante la maravillosa expectación de lo que es "Vivir en Claridad". Al rato las olas me lanzaron de vuelta a la orilla marítima, turbado y desposeído de voluntad y con mi rostro en una gruesa cortina de arena, apenas podía yo observar, sentía frío y entre espasmos pude avanzar. Así iba yo con escalofríos, paso a paso, y titubeante me alejé, luego llegué a un rincón de una caverna y como pude producí calor en mi cuerpo, frotando mis manos por mis piernas, pecho y cuello, hasta cuando ya me sentí mejor y tan sólo esperé y sigo esperando enjaulado en la "Caverna de mi Soledad". Y acá estoy esperando en el "Precipicio del existir", tengo un escritorio de piedras y en las rocas escribo poemas con mi sangre para mis huellas dejar y así seguiré hasta cuando Ella venga a buscarme, pues dijo que iba volver, volvería por mí, y aunque a veces me aburro a montones, sigo esperando a aquella singular Mujer que me hizo volar y sigo esperando y no quiero salir de mi cautivadora Caverna, para enfrentarle y hacerla mía como debe ser, devolviéndome mi voluntad y así vivir en claridad.



Cierzo

5 comentarios:

Poetiza dijo...

He llegado al borde del precipio para dejarte un beso. Un texto enriquecedor para mi alma, un gusto leerte, cuidate.

Pescador dijo...

....Uf, yo tambien llegué en mi barco de papel para rescatarte, pero me da la impresión que esa ola es cautivadora.....Un abrazo fraterno de este pescador de Puerto viejo...Saludos a los tuyos y espero que tu salud este bien.

Poetiza dijo...

Hay personas que no saben olvidar. Aqui, al borde del precipicio donde estas, estoy. Gracias. Un beso, cuidate mucho. Gracias por recordar.

Arantza G. dijo...

Ella puede ser peligrosa...
Disfrada de ola seductora...hum, yo no me fiaría.
Besos amigo.
Cuídate mucho.

Anónimo dijo...

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