sábado, septiembre 17, 2011

Conmemoraciòn

Corría el invierno del año 1478, yo cabalgaba bajo la frondosa ventisca marina en la solitaria playa de Nohemì, una mìstica playa con sus asombrosos roquerios que al cielo querìan alcanzar y la fiesta de las gaviotas en el plomizo cielo nublado por las cenicientas nubes, las olas eran inmensas que al parecer me querìan atrapar para llevarme consigo hasta la profundidad del grandioso y majestuoso mar. Yo iba al galope en el lomo de mi fiel caballo azul, la lluvia caía y caía en mi rostro para luego correr por mi cuerpo humedecièndolo como cuando contigo estaba en nuestro nido de besos, caricias y fuertes temblores amorosos con el apetito de devorarnos el uno al otro en nuestro capricho sexual. Ansioso por estar contigo no me importó las inclemencias del clima, sólo pensaba en tu hermoso rostro que se apoderò de toda, toda mi voluntad, lo voraz de tu carnosa boca sedienta de mis besos, el abismante precipicio de tu vertiginoso cuello entre tu boca y la pomposidad de tus senos para luego abarcar tus delirantes pezones que revolotearían en mis labios y lengua, tomarte de tus caderas clavando mi virilidad entre tus lujuriantes nalgas y así llegar hasta la profundidad de tus candentes deseos femeninos que me arrastran hasta la confinidad de mi existir que sòlo piensa en ti. Cabalgaba y cabalgaba en la ventisca con la idea de hacerte mía otra vez más, apoderarme de tus muslos mientras se apoyan en mi pecho mordiéndolos con sutil énfasis y el jadeo de mi pelvis rozando tus tan íntimos labios y mis manos masajeando cada curva de tus senos para poder observar tu alocada cabeza que no dejaría de moverse para ambos lados indicándome que estarías próxima a tu climax acabar en frenesí.
Pero cuando logré llegar hasta tu habitación, tras escalar los muros, no te pude encontrar, sólo encontré una nota en la cual me decías que por siempre me amarás. Después supe que tu esposo, un adinerado burgués, te había asesinado al saber que por siempre mía serás.
Acá estoy, tras inquietantes siglos, para volverte encontrar y cada vez que llega la primera ventisca salgo a cabalgar conmemorando por ti mi ansiedad.
Cierzo

1 comentario:

RELTIH dijo...

SURREAL PERO HERMOSA HISTORIA.
UN ABRAZO MI PANITA